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Gato con guantes no caza ratones

Quizá cambie de nuevo el aspecto de este blog... aún lo estoy pensando.


Mírate las manos, esas de las que otros tanto hablan. Mírate las manos; están vacías. No queda nada de todo lo que has estado intentando aprehender en tu vida. Llega a la conclusión, no hay otra, de que has estado aferrando el aire siempre.

NdE.: El autor pudiera referirse a Manos, David González. Pero se trata tan sólo de una elucubración pues el autor se encuentra en paradero desconocido.

P.D.: Ayer volvimos a 1908, y molaba...

La noche

Es miércoles por la mañana, pero podría ser lunes o sábado o jueves. No importaría mucho. Dentro de poco empiezan los exámenes y hay que enfrascarse en los apuntes. Aunque no se tengan compañeros de estudio.

Miro a la noche de frente. Está sentada al borde de la cama. Apoya los pies descalzos sobre el suelo recubierto de corcho. Tiene el pecho al descubierto y lleva puestos unos pantalones verdes de pijama desgastados en las costuras.

Tiene los ojos enrojecidos pero no tiene sueño. Le huele el aliento a alcohol pero no está borracha; ha tomado las suficientes cervezas para que mañana le duela la cabeza pero no está borracha. Tiene el pelo apelmazado, lacio; se mantiene peinado hacia atrás por el sudor y por el agua que se ha estado echando con las manos como garfios cada vez que iba al baño. No habla, pero si lo hiciera estaría ronca. Tiene un par de heridas en los nudillos; ha vuelto a pelearse en sueños contra la pared. El dichoso gotéele le ha levantado la piel y escuece. Tampoco importa.

En el suelo han quedado los vaqueros, la camisa, el jersey y un chaquetón azul con forro de franela que apestan a tabaco. El olor es tan intenso que toda la habitación huele a chester y a malboro. Ella no fuma pero como si lo hiciera. Todas las bombillas están apagadas. Le molesta la luz pero no lo suficiente como para levantarse hasta la ventana y hurgar tras la cortina blanca para bajar la persiana. De vez en cuando las luces de la cocina del B iluminan la mesa abarrotada, los zapatos amontonados frente a la puerta y la mesilla de noche cubierta por libros, paquetes de pañuelos, una botella de agua a medias, las llaves, el reloj despertador, el monedero, un teléfono móvil con dos mensajes cortos y sus abreviaturas; y una fotografía enmarcada que ha sacado de un cajón del armario donde estaba envuelta y escondida de cualquier interrogatorio.

No tiene un calendario a mano pero sabe que mañana, cuando ya no sea ella, será 14. Un escalofrío le recorre el cuerpo y mueve la boca. Es una grieta negra, la voz pastosa y ronca, una pequeña herida se le abre sobre los labios resecos:
- Debería dejar de mirarme al espejo y volver a la cama.


Corrección

Es voluntad de este blog no contribuir a la decadencia del idioma, así que si alguno de los asistentes encuentra una falta de ortografía o incorrección en los textos, por favor que hable ahora y no calle para siempre. Llámenme la atención en las correspondientes entradas.

Gracias por su visita